Las baldosas hidráulicas tienen un encanto que pocos suelos pueden igualar. Sus diseños, a menudo inspirados en patrones antiguos y colores vivos, aportan personalidad a una habitación. Aunque son preciosas, también son más delicadas que materiales como la cerámica o el gres. Esto significa que requieren una limpieza cuidadosa si quieres que sigan luciendo igual de bien con el paso del tiempo.
¿Qué las hace tan especiales?
A diferencia de otros pavimentos, las baldosas hidráulicas no llevan un esmalte protector. Están hechas de cemento pigmentado, lo cual les da ese aspecto artesanal, pero también las hace más absorbentes y sensibles a productos fuertes o a la humedad. Por eso, entender cómo limpiar baldosas hidráulicas con suavidad es esencial para que no pierdan color o desarrollen manchas profundas.
Limpieza diaria: pequeños gestos que marcan gran diferencia
No necesitas productos complicados ni técnicas avanzadas para mantenerlas bonitas: con una rutina sencilla puedes protegerlas mucho.
Barrer o aspirar regularmente
El polvo, piedrecillas o arena pueden actuar como pequeñas lijas sobre la superficie. Pasar la escoba o aspirar con un accesorio suave varias veces por semana ayuda a evitar rayaduras y desgaste.
Fregar sin empapar
Para el mantenimiento habitual, utiliza un cubo con agua tibia y un poco de jabón neutro. Escurre bien la fregona antes de pasarla; si dejas charcos o mojas demasiado, el agua puede entrar en la baldosa y causar problemas.
Manchas “rebeldes”: cómo enfrentarlas sin pasarse
Incluso con cuidado, pueden surgir manchas por grasa, comida o pisadas frecuentes. Aquí te cuento cómo tratarlas sin arriesgar el brillo o el color.
Grasa y suciedad reciente
Si la mancha es reciente y de grasa ligera, prepara una solución de agua y jabón neutro un poco más concentrada. Deja que actúe unos minutos y frota suavemente con una esponja blanda. Evita estropajos duros o metálicos, que podrían rayar la superficie.
Manchas arraigadas
Cuando algo no sale con jabón, puedes probar con un limpiador alcalino suave diluido. Siempre prueba primero en un rincón poco visible para ver cómo reacciona la baldosa. El objetivo es limpiar sin “abrir” demasiado los poros ni alterar el tono.
Productos que realmente no conviene usar
Hay varios limpiadores comunes que parecen inofensivos, pero que en baldosas hidráulicas pueden causar más daño que beneficio:
- Lejía y amoniaco concentrado
- Vinagre o salfumán
- Desincrustantes antical
- Cepillos duros o estropajos metálicos
Estos productos no solo quitan suciedad, pueden desteñir el pigmento e incluso dejar la superficie algo áspera.
Después de una obra: limpieza profunda sin riesgos
Cuando se instalan baldosas nuevas o tras reformas, normalmente quedan restos de cemento o suciedad pegada. En estos casos hace falta un enfoque más técnico:
- Usa detergentes específicos para materiales porosos.
- Aplica con un cepillo de cerdas suaves o una máquina rotativa con disco blanco.
- Aclara varias veces con agua limpia y seca bien.
Este proceso elimina la suciedad sin afectar a la baldosa.
Sellar para proteger: clave para el mantenimiento
Una vez limpias y secas, las baldosas hidráulicas se benefician muchísimo de un sellado adecuado.
¿Por qué sellar?
El sellador crea una capa protectora que reduce la absorción de líquidos y facilita las limpiezas posteriores. Sin él, cualquier derrame puede penetrar y causar manchas difíciles de quitar.
¿Con qué frecuencia?
Con el tiempo y el uso, esa capa protectora se desgasta. Conviene revisarla regularmente y aplicar una nueva mano cuando notes que los líquidos ya no “resbalan” como antes.
Recuperar el brillo sin pasarse
Es normal querer que el suelo recupere su esplendor inicial. En lugar de un brillo artificial, lo ideal es realzar el acabado natural. Para eso se pueden usar ceras específicas para pavimentos de cemento, aplicadas con moderación y pulidas con mopa o máquina adecuada. El resultado es un brillo suave, elegante, no exagerado.
Errores que conviene evitar
Incluso con buenas intenciones, hay acciones que pueden perjudicar tu suelo:
- Fregar con demasiada agua
- Usar productos “multiusos” sin verificar ingredientes
- No aclarar bien
- Dejar charcos secarse sobre las baldosas
Evitar estas prácticas ayuda a que el pavimento dure más y se vea mejor.
Una rutina sencilla para el día a día
Para que no se te escape nada, aquí tienes una guía práctica:
- A diario o varios días por semana: barrer o aspirar
- Una vez por semana: pasar la fregona con agua tibia y jabón neutro
- De forma ocasional: limpieza más profunda con producto específico
- Cada cierto tiempo: revisar el sellado y aplicar cera si hace falta
Con este hábito, mantendrás tus baldosas limpias, protegidas y visualmente bonitas.
Suelos antiguos o con desgaste
En casas antiguas, las baldosas suelen haber perdido parte del sellado original o muestran signos de uso. En estos casos, la limpieza debe ser aún más suave. Si el desgaste es evidente, puede merecer la pena valorar una intervención profesional para recuperar tonos y uniformidad.
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